El otoño y los coches clásicos

Saab 95 V4 de 1968, Baleneario de Arnoia, Rubén Fidalgo

Para los que admiramos los coches clásicos, cualquier excusa es buena para salir de paseo con nuestro cuarentón. El mayor problema que tienen los coches antiguos para rodar hoy en día, es su refrigeración. No es por culpa del cambio climático y el aumento de las temperaturas globales, el problema es el tráfico.

Antes de los años ochenta, los atascos eran algo excepcional, de modo que los coches no tenían electroventiladores, bastaba con la brisa de la marcha para refrigerarlos con algo de ayuda del ventilador adosado al cigüeñal. Sin embargo, hoy en día pasamos mucho tiempo detenidos en semáforos, atascos… y el ventilador apenas gira con el motor a ralentí. Esto provoca que, al estar parados y no circular el aire de la brisa, los coches tiendan a calentarse.

Por ello, salir con nuestro clásico en verano sin haber instalado un electroventilador, es un riesgo, lo mismo que aparcarlo al sol sin aire acondicionado… además de no enfríar, antes tenían mucha más superficie acristalada, lo que los convierte en invernaderos.

En otoño, las temperaturas son más suaves y, además, las hojas caducas de los árboles adquieren unas tonalidades que dan mucho juego para hacer las fotos de nuestro clásico, también es más fácil darles un aire nostálgico o envejecido acorde con la época del coche.

Saab 95 V4 de 1968, Balneario de Arnoia, Rubén Fidalgo
Uno de los frontales más personales de los años sesenta.

Después de un buen paseo otoñal, si ha llovido, no tapes el coche con la lona, déjalo secar bien antes de hacerlo para evitar la formación de humedades en las tapicerías y óxidos en la carrocería. Tampoco conviene taparlo mientras el motor está aún caliente. Déjalo descubierto esa noche y ponle la lona la mañana siguiente. Así se conserva más seco.

El Saab 95 V4 de 1968

El Saab 95 nació a finales de la década de los 50. En aquellos años empezaba el declive de los haigas americanos inspirados en los aviones de combate, con enormes aletas traseras imitando a los timones de los cazas, poco a poco iban reduciendo su tamaño, pero explica, en parte, el motivo de la peculiar forma con que se diseñaron las aletas traseras de este coche sueco. Su mitad delantera era la de un Saab 93, pero en la trasera destacaban, junto con las aletas, un spoiler sobre el portón que mantenía limpio de polvo, nieve y agua la luneta trasera (y que funciona de maravilla) y sus dos filas de asientos perfectamente escamoteables dejando un suelo plano, o bien, 7 plazas.

Saab 95 V4 de 1968, Balneario de Arnoia, Rubén Fidalgo
Las plazas traseras van a contra marcha.

Lo más interesante es que debido a su mayor capacidad de carga, el motor del Saab 93 pasó de 750 cc a 850 cc, sentando las bases del futuro Saab 96 con el que la marca ganó dos veces consecutivas el Rally Montecarlo. También fue el primero en montar una nueva caja de cambios de 4 marchas con rueda libre.

En 1966 perdió su precioso frontal llamado Bullnose– herencia directa del Saab 93- adoptando el nuevo morro del modelo 96 con un frontal algo más largo y ancho (denominado longnose) que dejaba más espacio para la nueva mecánica de 4 tiempos, 4 cilindros en V diseñado por Ford y en el que Saab exigió ejes de equilibrado (sí, ya sé que hoy parecen algo moderno, pero este motor ya los traía) para eliminar las vibraciones y que fuese tan suave como su anterior 3 cilindros de dos tiempos, con un equilibrado natural perfecto.

La siguiente modificación en su carrocería fue el aumento del tamaño del parabrisas en 1968, año del modelo del paseo otoñal de hoy.

Uno de los detalles que más me fascina de este coche, además de sus 7 plazas, es la ubicación de la rueda de repuesto. Para dejar sitio para los pies y piernas de los pasajeros de la última fila, se quitó del fondo del maletero y se puso en el suelo bajo la banqueta de las plazas centrales, un lugar perfecto para el equilibrado de masas, y que no estorba.

El motor V4 tiene una sonoridad muy peculiar debido al orden de encendido y la disposición de los pistones. En cierto modo recuerda al sonido de los motores bóxer de 4 cilindros de los VW refrigerados por aire.

Saab 95 V4 de 1968, Balneario de Arnoia, Rubén Fidalgo
Sus líneas son peculiares, pero atractivas.

su potencia es la misma que la del motor de 2 tiempos al que sustituye, 65 CV, lo cierto es que es más fácil de conducir gracias a su mayor par y la mayor dificultad para pasarlo de vueltas. El 3 cilindros de 850 cc giraba tan bien que era fácil pasarse de optimismo y darle un pasón a los cojinetes de agujas de las bielas.

En el V4 el único punto débil son los piñones de la distribución. En lugar de ser de acero, para reducir ruido y la necesidad de lubricarlos, están hechos de fibra plástica, y se desgastan, ya que además del árbol de levas central, tiene que mover los ejes de equilibrado.

La dinámica del coche es muy buena, tan sólo los frenos desentonan entre el tráfico actual, y eso que en 1968 ya montaban discos delanteros, aunque con unas pinzas muy peculiares de pivote patentadas por Lockheed que, en mi opinión, son una mala idea, ya que desgastan las pastillas de freno de forma asimétrica.

En definitiva, un automóvil muy peculiar, que se adelantó casi 40 años al Opel Zafira que anunció como algo revolucionario el sistema de plegado de asientos de este Saab como algo propio (Opel pertenece a GM, algo tendría que ver que el grupo se hiciese con Saab en los noventa)…

Conclusión, si tienes un coche clásico, anímate a sacarlo de paseo estos días. El paisaje está precioso y no le vendrá mal el aire fresco cargado de oxígeno para limpiar su mecánica.

Vídeo del paseo en el Saab 95 V4 de 1968

6 comentarios sobre “El otoño y los coches clásicos

  1. Un maravilloso reportaje. Tanto por las fotografías, de excepcional calidad, como por el texto, en el que se conjugan los conocimientos, la pasión por una marca, y el deseo de reconocer las cosas bien hechas.
    El reportaje perfecto para leer un fin de semana tranquilo, sin atascos, refugiado en mi casa de la Sierra. Tengo un clásico en el garaje, y mi paisaje, y tu relato, me han decidido a darme una larga vuelta por la sierra de Guadarrama.

    1. Si con este relato he conseguido que salgas a disfrutar de un paseo con tu clásico ya me doy por satisfecho. Muchas gracias por los halagos y que hayas podido disfrutar de las fotos.
      Un Saabludo 😉

  2. Muy buen relato Rubén.

    Sin duda el otoño es un tiempo inmejorable para sacar a pasear, sin prisas y con buena compañía, coches soberbios como ha sido el caso de esta escapada Gallega con el 95.

    La “suerte” que ahora estamos teniendo con la complicada situación en la que vivimos, es que resulta posible disfrutar de carreteras de segundo (y hasta tercer) orden para perdernos con escaso o incluso nulo tráfico que permite explorar las posibilidades de estos coches soberbios y únicos como el que nos ocupa.

    Yo todavía no tengo ningún clásico pero me conformo por ahora haciendo paseos parecidos por Andalucía y alrededores con cualquiera de mis tres SAABs. Evidentemente no tienen el glamour ni la personalidad de los veteranos pero también se hace agradable un paseo entre amigos, por ejemplo, sobre un SAAB cabrio.

    Y por cierto, felicidades por la página. Estoy seguro que no vas a parar de enriquecerla y habrá mucho y muy interesante para leer en los próximos tiempos.

    Un abrazo:

    MF

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.