
¿Os ha sucedido que buscáis o compráis un coche y, de repente, no paras de verlo por las calles? Es sencillo, empiezas a prestarle más atención que antes. Para mí el Chrysler LeBaron era un coche que me hacía gracia, tenía personalidad, pero no terminaba de encajarme… hasta que mi padre se empeñó en hacerse con uno y, a base de trabajar en él para afinarlo, confieso que cada vez me gusta más y me despierta más interés.
Como acostumbro, antes de meterme en faena trato de informarme todo lo que puedo sobre cada modelo. Algunas cosas ya las sabía, como el hecho de que la plataforma que da vida al LeBaron (conocida como plataforma K) salvó a Chrysler del desastre y de ella nacieron modelos tan dispares como la Voyager o el Dodge Daytona. Otras, en cambio, me sorprendieron mucho, como encontrar que, al igual que el Citroën SM, en el desarrollo del LeBaron de tercera generación tuvo bastante que ver Maserati.
Chrysler TC by Maserati: el Allanté del pentágono con tridente

Lee Iacocca salvó a Chrysler con su visionaria idea de una plataforma modular que sirviese de base para multitud de modelos. Tenía claro que la tabla de salvación era fabricar coches como churros… pero creía que, además de eso, había que conseguir que el público estuviese dispuesto a pagar más por cada coche.
El plan era desarrollar un deportivo descapotable partiendo de esa plataforma, pero que tuviese un apellido de la realeza que después ayudase a que los posibles clientes de Chrysler pensasen «mi coche tiene algo de esa joya«. Así que, aprovechando su amistad con Alejandro de Tomaso y que éste era el propietario de Maserati por aquella época, embarca a Chrysler en una aventura con los italianos para desarrollar un descapotable de lujo con el caché de Maserati.
La segunda generación del LeBaron lanzada en 1982 se está vendiendo bien, pero Iacocca tiene planes más grandes para su sucesora, que debería estar lista para 1988. La idea era lanzar al mercado en 1986 el nuevo Chrysler TC by Maserati, un elegante biplaza descapotable con hard top diseñado de la mano con los italianos, con un interior con ese toque de lujo que sólo los turineses de Poltrona Frau son capaces de conseguir y motores para una época post crisis del petróleo, pero con el caché de Maserati.

Este descapotable de lujo sería parcialmente montado a mano en Italia, en un complicado proceso similar al seguido por Cadillac y Pininfarina con sus Allanté y pondría a los cabrios de Chrysler a jugar en la liga del lujo. Los estudios de mercado consideraron que había clientes para vender alrededor de 10.000 TC by Maserati anualmente a un precio de 35.000 dólares, una cifra considerable en su día.
Luego, sacarían al mercado la tercera generación del LeBaron, prevista para 1988, y la venderían usando su parentesco con el TC by Maserati, lo cual elevaría su caché. No estaba mal planteado… pero la cosa no salió bien.
La relación Chrysler-de Tomaso fue un desastre. Los italianos y los estadounidenses no eran capaces de entenderse y cumplir los plazos establecidos. Cada vez que se reunían con los americanos saltaban chispas en ambos bandos. El resultado es que el TC by Maserati presentado en 1986 no estuvo listo para salir al mercado a tiempo y llegó con dos años de retraso… de hecho, se lanza pocos meses después de llegar la tercera generación del LeBaron.
Si el plan era revalorizar los LeBaron al emparentarlos con los TC, la realidad fue que el público vio al TC como un LeBaron encarecido artificialmente. Nadie quería pagar 35.000 dólares por un descapotable que tenía dos asientos menos que un LeBaron que costaba casi la mitad.
Las ventas fueron un desastre y la aventura del Chrysler TC by Maserati acabó prematuramente tras apenas 2 años y poco más de siete mil ejemplares producidos.
Durante años, el TC by Maserati ha sido un proscrito, pero en los últimos 5 años cada vez despierta más interés por su rareza y las poquísimas unidades que hay en Europa han multiplicado sus precios por cuatro.
¿Hay tanta diferencia entre un LeBaron y un TC?

El TC y el LeBaron emplean la misma plataforma, pero el TC acorta su distancia entre ejes 21 centímetros, lo que le obliga a perder las dos plazas traseras, que se convierten en un hueco para transportar objetos, entre ellos un paraguas firmado por Maserati que en la actualidad se vende por cifras que rondan los 1.000 euros… más de lo que se pagaba por un TC hace unos años.
En los últimos TC se llegó a montar el mismo motor V6 de origen Mitsubishi que en los LeBaron de 141 CV y el 4 cilindros turbo de 2.2 litros de 160 CV de origen Chrysler, pero algunas unidades contaban con un exclusivo bloque de 4 cilindros con culata de 16 válvulas desarrollada por Cosworth y firmada por Maserati de 200 CV.

El interior se revestía completamente en cuero y madera de primera calidad y, sobre todo, el diseño del frontal del TC era mucho más elegante, con un estilo parecido al del Allanté, pero con una preciosa calandra que enmarcaba el singular logo del tridente dentro del pentágono de Chrysler.
Sí, la plataforma es la misma, comparten casi todos los elementos mecánicos, la misma red eléctrica a bordo (por cierto, con uno de los primeros sistemas con una unidad de control específica para la electrónica de carrocería, body control) y, si los ves juntos, hay muchas cosas que hacen evidente que ambos coches tienen mucho en común, por ejemplo, el parabrisas y su marco, pero la verdad es que el TC tiene muchos detalles exclusivos, como su peculiar hard top con ojo de buey inspirado en los preciosos Ford Thunderbird de los años cincuenta.

El vínculo es más evidente todavía si lo comparamos con las versiones posteriores al 93 del LeBaron, año en el que se introdujo el nuevo frontal con faros no escamoteables que le dan un aire similar a los del TC. Para mí, este nuevo frontal hacía perder gran parte de la personalidad que valoraba del LeBaron, pero a base de ver el nuestro a diario, confieso que me pasa como con el color dorado del SM, que lo rechazaba, pero cada vez me gusta más.
Citroën, Chrysler y Maserati: matrimonios nada convenientes

Chrysler y Citroën contrajeron nupcias con Maserati como siempre, con las mejores esperanzas y desbordando emoción, pero lo que prometía ser un matrimonio feliz, acabó siendo una dura desilusión que dejó un buen agujero en los libros de contabilidad… una lástima, porque los planes no eran malos en absoluto, pero, como siempre, no basta con ser bueno, tener una idea… hay que estar en el momento y lugar indicados…ni para Chrysler ni para Citroën fue el mejor momento.